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Coleccionismo de arte en Cuba ante el Boom NFT

NFT vendido por 69,3 millones de dólares

El coleccionismo de arte es un factor indispensable en la riqueza patrimonial de cualquier nación. Su principal función yace en la confluencia de pasado, presente y futuro, como punto clave para atesorar el espíritu humano, a través de los tiempos. Por un lado, se encarga de preservar las obras de grandes maestros, hitos en la historia del arte y, por otro, testimonia la constante creación con todos sus matices y metamorfosis, vaticinando un futuro cercano.

En los momentos actuales, donde la incertidumbre financiera es una realidad mundial y el dinero ocioso no encuentra acomodo en ningún valor seguro, el arte podría ser la salida que todos buscan para proteger su economía. Pero más que coleccionar pensando en una rentabilidad póstuma, la actividad implica una profunda sensibilidad. Existe un insólito placer en convertirse en guardián de un trozo de historia con la capacidad de evocar sentimientos.

Salud del coleccionismo en Cuba  

En Cuba, la práctica ha palidecido producto al detrimento de la situación económica del país y al bajo nivel de vida de la población media. Los exorbitantes precios que pueden alcanzar las obras de arte más cotizadas son una valla que separa al cubano promedio, por grande que sea su devoción por el arte, de convertirse en coleccionista. Esto provoca que, cada vez con más frecuencia, se saquen obras cubanas al extranjero, empobreciendo el patrimonio cultural de la isla.  

Sin embargo, en los últimos años, ha cobrado nueva fuerza gracias al impulso del coleccionismo privado y al coleccionismo institucional que se ha encargado de comprar, conservar y preservar obras de arte dentro de sus relativamente modestos fondos.

Manuel López Oliva: Artista plástico y crítico de arte cubano. Foto: Facebook

Parafraseando al maestro Manuel López Oliva, constituye todo un reto desarrollar un mercado de arte de y para los cubanos, que no sacrifique auténticos significados por una velada utilidad mercantil. La máxima aspiración es que todos los creadores verdaderamente talentosos alcancen un destino para sus obras, y que tanto artistas, como curadores, vendedores y coleccionistas tributen a la exaltación de la diversidad del arte en Cuba y a potenciar el consumo nacional.

Arte digital y NFT, ¿qué piensan los coleccionistas sobre esta nueva forma de comercializar el arte?

A storm is coming, NFT de la artista Victoria West. Obra perteneciente a la colección internacional del MOCCA. Foto: fragmento de la obra.

Existe gran polémica entre galeristas y coleccionistas acerca de la fiebre de los tokens no fungibles que está revolucionando al mundo. Las opiniones están divididas. Los más convencionales muestran resistencia, sobre todo por la gran implicación tecnológica que requiere la incursión en el criptoarte. Los criterios más negativos consideran que los NFT atentan contra la apreciación del arte tradicional y que puede devaluar las obras realmente meritorias, por no mencionar los debates generados sobre la protección de la propiedad intelectual. No obstante, hay otro grupo, mucho más vanguardista, que ve en los NFT una oportunidad en lugar de una amenaza.

Las maneras de apreciar casi todo en el mundo continúan cambiando de forma radical y acelerada. El mercado del arte no es una excepción. En medio de la era tecnológica y cuando incluso el dinero avanza rumbo a la absoluta digitalización, es completamente lógico que surjan nuevas maneras de manejar la creación artística.

Los NFT no son incompatibles con el arte tradicional, son una extensión de este. Como en el mercado regular, se crean muchas obras NFT mediocres con valor meramente comercial que se venden por precios insólitos; pero también hay artistas consagrados incursionando en esta práctica y aportando un valor real para los coleccionistas.

Es una cuestión de perspectiva y de saber apreciar las potencialidades que ofrece esta nueva manifestación, especialmente para los artistas digitales que, hasta ahora, debían batirse mucho más duramente para obtener un verdadero reconocimiento.

El del arte es un mercado irracional, como todos los mercados. Lo que ocurre es que está marcado por la pirámide del lujo, y arriba está el coleccionista que tiene el dinero. Abajo de la pirámide están los museos, los coleccionistas entusiastas pero que tienen mucho menos dinero, y los artistas. Así pues, si el de arriba considera que ahora hay algo por lo que hay que pagar, impulsa a todos los demás

Lola Garrido, pionera del coleccionismo fotográfico internacional

¿Qué le da valor a estos activos digitales?

Lo que le da valor a cualquier activo, ya sea físico o digital, es la creencia en ese valor. La gente continúa pagando miles de dólares cada año por un nuevo IPhone con apenas minúsculas variaciones respecto a su versión anterior. Es la historia tras la marca lo que la hace costosa. Apple no vende teléfonos, vende estatus. El marketing se encarga de convencer al usuario de que necesita el último modelo para continuar perteneciendo a un grupo elitista que, de alguna manera, lo hace sentir mejor consigo mismo.

Lo mismo sucede con los NFT.

Vivimos en un mundo donde el relato tiene todo el peso. Un artista vende más caro cuanto más se habla de él, cuanto más atrayente sea la historia tras su obra, y ese comportamiento se aplica, de forma idéntica, al criptoarte.

En el pasado mes de marzo la obra digital “Everydays: the First 5.000 Days”, del criptoartista estadounidense Mike Winkelmann, conocido como Beeple, fue vendida por 69,3 millones de dólares. El comprador fue un pionero en el coleccionismo NFT que se identifica con el seudónimo Metakovan.

Avatar de Metakovan en Twitter. Foto: Twitter

El empresario e inversionista en criptoactivos ya había hecho historia en 2019, al comprar un token no fungible que representaba un auto digital de Fórmula 1, acuñado para el juego de blockchain F1 Delta Time. En aquel momento, los 110.000 dólares que pagó por adquirir el token lo convirtieron en el NFT más caro vendido hasta entonces.

Cuando, en una entrevista, reveló las razones que lo llevaron a efectuar dicha compra, sus palabras fueron:

“Podría haber comprado un coche de verdad por esta cantidad de dinero. Y en realidad, eso es lo que hace buenas historias, al final del día […] La forma en que el arte ha florecido hace que los NFT sean el medio perfecto para las criptomonedas. Esto se debe a que los NFT eran, y son, muy divertidos […] Como coleccionista NFT, estuve coleccionando experiencias, tanto las totalmente formadas, como las semillas de futuras experiencias.”

Metakovan, en una entrevista para el anfitrión del podcast Jon Jordan

En Cuba, ¿existen coleccionistas NFT?

Self_Portrait, NFT de Octavio Irving. Obra perteneciente a la Colección Nacional del MOCCA. Foto: fragmento de la obra.

Como ya se ha mencionado, el coleccionismo es el punto flaco del mercado de arte cubano. Esta triste situación se extiende a los NFT. Los criptoartistas que comienzan a despuntar en la isla se ven obligados a trabajar, fundamentalmente, para los coleccionistas foráneos, reprimiendo, quizás, el valor más autóctono y significativo de sus obras, en pos de un interés mercenario.

No obstante, surgen coleccionistas entre los mismos artistas de la creciente comunidad de criptoarte. El espíritu colaborativo, la hermandad, la igualdad y la descentralización son los principios que rigen a este grupo de artistas, que buscan apoyarse unos a otros y difundir el arte de su tierra.

El mundo va evolucionando de forma exponencial hacia un futuro donde la descentralización será la base y el formato digital será el que más abunde. De la misma manera en que los discos de acetato se convirtieron en casetes, luego en discos y luego en mp3, todo lo demás irá cambiando. El dinero ya es digital, son ceros y unos en un sistema bancario, y el arte digital está tomando más fuerza que nunca. Creo firmemente que los NFT han llegado para cambiar la historia y reescribir los paradigmas del arte. Es cuestión de tiempo para que los coleccionistas cubanos comprendan las ventajas que aporta esta tecnología y se sumen al fenómeno del criptoarte”.

Roberto Rodríguez, Fundador del MOCCA: Museo de Criptoarte cubano

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