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Arte digital en tiempos de Covid 19

«Igual que el agua, el gas y la corriente eléctrica vienen a nuestras casas, para servirnos, desde lejos y por medio de una manipulación casi imperceptible, así estamos también provistos de imágenes y de series de sonidos que acuden a un pequeño toque, casi a un signo, y que del mismo modo nos abandonan».

Paul Valéry

Los medios digitales forman parte, hoy más que nunca, de nuestra vida. El aislamiento al que hemos sido sometidos debido a la COVID ha propiciado que las relaciones que manteníamos con la tecnología se hicieran aún más fuertes, al punto de ser indispensables. El internet se convirtió en nuestro único vínculo con el mundo, en el único medio para obtener información, trabajar, comprar insumos, pagar facturas e intercambiar con familiares y amigos.

El arte también se ha visto profundamente afectado ante las nuevas formas de vida y se ha servido en gran medida de los avances tecnológicos para brindar su inconmensurable aporte a la sociedad. Debido a su versatilidad y plasticidad, la creación artística se ha adaptado a la nueva realidad. El advenimiento de estos novedosos procesos implica una serie de cuestionamientos filosóficos, estéticos y económicos. Son muchas las interrogantes que surgen a partir de la exploración de los avances tecnológicos. La posición de las obras es uno de los aspectos más controvertidos ya que el arte digital, en su momento, fue algo colectivo por definición, abierto, radical, anti mercado, inestable y difícil de conservar. Todas estas características eran poco interesantes para los artistas y para los coleccionistas, que dudaban en invertir en una obra sobre la cual no tenían total dominio.

Según Walter Benjamín la reproducción tecnológica del arte permite la democratización del mismo y un acercamiento a la utopía marxista, de manera que toda la sociedad pueda disfrutar de la creación artística, la cual históricamente había sido privilegio de la burguesía. En la contemporaneidad, esto se puede asociar, por ejemplo, al arte digital que circula por la redes y del que nos podemos apropiar sin mayores complicaciones por su carácter público. Pero, ¿cuál es el objetivo de poseer una obra que todo el mundo tiene? El mismo Benjamín considera que la democratización del arte está dada por la muerte de lo que él llama “aura”, ese carácter único que hace a la obra tener un valor añadido y al mismo tiempo inalcanzable para la mayoría de las personas.

Con el fin de eliminar la masividad y otorgarle a la obra de arte su carácter irrepetible surgen los NFT (Non Fungibles Tokens), en español tokens no fungibles. Estos equivalen a lo que sería una obra firmada por su autor. Todos podemos comprar el mismo libro, pero si este lleva la firma de su autor, su valor va a ser mayor porque es diferente a todas las reproducciones, esa firma le otorga un aura especial que lo distingue del resto, estéticamente hablando no hay diferencias, ese valor es meramente simbólico.

NFT por Arnaldo Batista Alonso. Foto: Fragmento de la obra

El comercio de arte por Internet es sustentado por una serie de plataformas, creadas e integradas por comunidades de artistas que buscan espacios donde promocionar y mostrar sus obras. Las redes sociales son utilizadas para proveer a las piezas de un contexto, al mismo tiempo que permiten una interacción, aunque virtual, más directa entre artista-coleccionista, sin la necesidad de un marchante de arte.

Son muy variadas las diferentes plataformas, pero todas operan con bases de datos descentralizadas que se estructuran como una cadena de bloques (blockchain), esto significa que no existe un único servidor como sucede con grandes plataformas como Facebook o Twitter, en este caso, cada uno de los usuarios gestiona los datos y el procesamiento de forma tal que el colectivo coordina la toma de decisiones. Esta característica de auto gestionarse permite el intercambio de dinero y de información entre personas sin necesidad de una institución central.

Utilizando el sistema de cadena de bloques se certifica la propiedad digital. Este proceso se conoce como “tokenizar” o acuñar y le proporciona a cada pieza un indicador único, una firma digital, similar a un copyright. Este sello de exclusividad se utiliza para identificar y rastrear las obras. Se podrán tomar capturas de pantalla, descargarlas o copiarlas, pero estas copias no autorizadas no poseen ningún valor en el mercado. Al mismo tiempo, permite un rastreo de las operaciones que se realizan con determinada obra, le ofrece al creador información del lugar donde se encuentra su trabajo y, a su vez, le permite cobrar un por ciento de las posteriores ventas. Anterior a los NFT, los artistas vendían sus obras y estas luego se revendían a precios muchos mayores y los creadores no obtenían ninguna ganancia de las ulteriores ventas; pero con este nuevo método la situación de los autores cambió.

Póster de la exposición virtual donde confluyeron artistas independientes y miembros de los diferentes proyectos de arte NFT cubanos. Foto: Instagram

Las comunidades de artistas que realizan y comercializan NFT han crecido en los últimos años. Existen muchísimos proyectos que agrupan a los creadores de manera regional o por sus intereses. Las restricciones bajo las cuáles vive nuestro país no nos han permitido una participación más activa, pero en estos momentos los artistas cubanos tienen una oportunidad que no han tenido sus predecesores y el despuntar de interesantes proyectos como NFT Cuba ART, Clit Splash y Nft.FAC son la prueba de que no estamos exentos de este fenómeno.

La intervención de los NFT dotó al arte digital de la veracidad que no poseía por ser algo intangible, e hizo este soporte interesante para los coleccionistas. La cantidad de público al que pueden acceder es muy superior y es un público más específico, que sabe lo que busca, e internet le permite encontrar resultados más cercanos a su exploración. De modo que la visibilidad de los artistas ya no depende de exposiciones en galerías o museos que se muestran por un tiempo definido; gracias a los NFT, pueden mantenerse visibles constantemente.

A pesar del gran número de oportunistas y obras con baja calidad o ninguna que circulan en las distintas plataformas, estas han sido el espacio propicio para muchos creadores y han venido a brindarnos una vía para experimentar el arte en estos tiempos tan difíciles. El mundo de los NFT nos demuestra que las tecnologías también tienen una cara amable y se pueden utilizar al servicio y beneficio de todos.

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